Fármacos antituberculosos
El armamentario medicamentoso para tratar la TB es amplio,
con fármacos de primera línea que son los más potentes y de menor toxicidad, y
los de segunda línea, menos bactericidas y con mayores efectos secundarios. Los
primeros son:
ISONIACIDA (H): es el fármaco antituberculoso por
excelencia. Actúa en todas las formas de la enfermedad y es el más eficaz
contra los bacilos en multiplicación activa. Se absorbe por vía oral y alcanza
altas concentraciones en las cavernas, caseum pulmonar y también en el líquido
cefalorraquideo. Su eficaz acción bactericida radica en bloquear la síntesis
del ácido micólico, constituyente primario de la membrana del bacilo.
Su dosis calculada es de 5 mg/kg para adulto y de 10 a 15
mg/kg para niños, con una dosis diaria suficiente de 300 mg. Sus efectos
adversos oscilan desde la polineuritis por interacción con la vitamina B6,
principalmente en ancianos, diabéticos y alcohólicos, y que se debe prevenir
asociando 50 a100 mg diarios de piridoxina al tratamiento de la TB, hasta la
hepatitis, menos frecuente pero más peligrosa, con aumento de las transaminasas
y que en casos excepcionales obliga a suspender la medicación en forma
transitoria, la mayoría de la veces.
RIFAMPICINA (R): agente bactericida. Su notable acción se
manifiesta por la rapidez con que actúa sobre los bacilos, y ello explica su
eficacia contra los bacilos persistentes de crecimiento esporádico y, también,
contra los bacilos en multiplicación activa, pero en menor capacidad que la H.
Al inactivar polimerasa ARN, inhibe la síntesis de ADN micobacteriano.62 La
dosis recomendada por vía oral es de 10 mg/kg para adulto, con dosis total de
600 mg diarios. Su manifestación tóxica más frecuente es la hepatitis,
principalmente por colangitis e ictericia precoz con aumento de la bilirrubina,
y también con aumento de transaminasas. Otros cuadros clínicos con púrpuras
trombocitopénicas y un síndrome tipo viral (flu like syndrome) son menos
frecuentes. También su acción se altera cuando se administra simultáneamente
con ciertos antirretrovirales en pacientes con VIH.
PIRAZINAMIDA (Z): bactericida. Por actuar eficazmente en
medio ácido, ejerce acción esterilizante sobre los bacilos intracelulares.
Interfiere con el metabolismo de la nicotinamida y se transforma en el hígado
en una sustancia activa, el ácido pirazinoico. Se emplea en dosis de 30 mg/kg
con una dosis diaria en adulto de 1500 mg. Produce ocasional hepatitis en la
dosis recomendada, y artralgias por aumento del ácido úrico.
ESTREPTOMICINA (S): primer bactericida empleado contra la TB
en la década del 40. Por ser de aplicación inyectable y con más frecuente
resistencia primaria, ha disminuido su uso en condiciones operativas. Como
aminoglucósido interfiere con la síntesis proteica y se elimina por el riñón.
Su dosis es de 1 gm diario por vía intramuscular, que generalmente puede
disminuirse a la mitad en pacientes ancianos y debilitados. Su principal
toxicidad está a nivel del nervio acústico con sordera o vértigos, y también
sobre el riñón cuando hay enfermedad renal previa.
ETAMBUTOL (E): a pesar de ser un fármaco esencialmente
bacteriostático, conserva su aplicación en el tratamiento de la TB, por ayudar
a disminuir la resistencia a los medicamentos bactericidas. Actúa inhibiendo
componentes de la pared micobacteriana, y su dosis por vía oral oscila de 15 a
20 mg/kg diarios. Su efecto adverso más temido es la neuritis óptica retrobulbar,
con disminución de la agudeza visual hasta la pérdida total de la visión, por
lo que no debe emplearse en niños.
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